ETAPA 14 : SANTIAGO DE COMPOSTELA - NEGREIRA



CAMINO DE MUXÍA Y FISTERRA


Son las 7:45, nos despertamos en el albergue del Seminario.



Me asomo al patio y el día está un tanto gris y arrugado con algo de niebla. Bueno aquí es típico que amanezca así.



En el albergue todos duermen, se nota que hoy no hay ruido de bolsas ni cremalleras. Casi todos cogerán hoy un medio de transporte para volver a sus casas.



Guardamos todo y para no molestar lo llevamos a la cocina o comedor, aquí lo colocamos en condiciones, miré por la ventana para ver cómo va el día.



Desde el Seminario las vistas de la ciudad y las torres de la Catedral se ven al fondo.



Saco unos cafés de la máquina y unas magdalenas y desayunamos en este comedor.




Bajamos por las escaleras y de camino vemos el cajón donde los peregrinos dejan los palos que les han servido en el camino, la mayoría acaban en Santiago.




Colocamos las alforjas y por la calle empedrada del Seminario nos dirigimos a la plaza del Obradoiro.




María en las proximidades de la Oficina del Peregrino.

 



Cuando llegamos a la oficina ya había cola de peregrinos esperando que abrieran, nos dieron una voz: ROSSI, ROSSI…., y era el cántabro de Vega de Valcárcel, que esperaba para recoger su Compostela, nos saludamos y nos hizo unas fotos, aquí vemos a María en Platerías a estas horas vacía. La niebla está más densa que cuando amaneció. Nos despedimos y continuamos la marcha.




Nuestro paso por la plaza del Obradoiro fue todo un lujo, es muy difícil ver la plaza sin gente, nos acercamos al hostal.




María girando para la calle Rúa Das Hortas los conserjes del hostal nos miran, ya saben cuál es nuestro destino. Como decían antiguamente….”al fin do mundo”.

 



Calle de salida del Obradoiro, al final hay unas escaleras que se salvan girando a la derecha por una rampa.



Tener mucho cuidado pues los escalones no se ven hasta que no estás encima.




Bueno nuestro paso por la calle----fue muy tranquilo, no hay coches y vamos solos por el centro, con los bolardos la ausencia de coches es total.




Llegamos al parque donde está el primer mojón, desde este punto sale el camino.



El parque con grandes árboles centenarios.




María en el parque.




Bueno nos ponemos en marcha, son las 9, el día sigue muy gris.




El siguiente mojón me rompió todos los esquemas, tuve que mirar la foto de la cámara, pues me pareció que los km en vez de disminuir, aumentaban.



Llevábamos 2 minutos en el camino y en vez de avanzar retrocedimos casi 2 km, nunca me había pasado algo así. Bajamos por esta calle que se bifurca en dos, cogimos la de la izquierda siguiendo las flechas.




Nos acercamos al puente. Este casi invadido por la vegetación.




María pasando el puente.




Fijaros el puente visto desde el camino, está bonito, aunque la vegetación se está apoderando de él.




La continuación del puente es este camino entre paredes atrincheradas.



El siguiente tramo fueron estas bonitas corredoiras.




Las corredoiras se convirtieron en un sendero con las ramas de los arboles cerrándote el paso, así llegamos a este arroyo que tuvimos que pasar por abajo, pues el escalón del hormigón es muy grande.




Al intentar pasarlo… sorpresa, se me hunden las zapatillas en el barro.




Bueno amigos, prueba superada.




Nos montamos y a pedalear, esto nos duro bien poco, en el camino unos escalones que los salvamos empujando.




Primero subí la bici de María pues ella con la lesión de rodilla no puede y después la mía que pesa el doble.




Con las bicis arriba proseguimos la marcha.




Un minuto estuvimos montados y a empujar otra vez.




María empujando su bici, yo por detrás hago lo mismo.




Las empinadas cuestas siguen.




Nos montamos y cuando parecía que ya no tendríamos que bajarnos, pues otra vez tuvimos que echar pie a tierra.




De nuevo a pedalear, pero esto duro poco.




Por fin vamos montados por el estrecho sendero, teniendo cuidado con las ramas para no darnos en la cara y con las raíces para no caernos.



Otro tramo empujando.




María descansando, fijaros en la flecha en el poste de la luz




Desde la Pl. del Obradoiro hemos bajado mucho para luego subir, desde este punto se puede ver las torres de la Catedral, lástima de esta nubosidad, no deja ver bien le ciudad.




El siguiente poste te confunde un poco más.




Subimos una empinada cuesta y comienza a llover.




Bueno parece que por fin comenzamos a pedalear por un buen camino, que gozada se me estaba olvidando lo de pedalear.




Dos minutos después el camino parece más una garganta de un rio seco, piedras grandes atravesadas en el camino, raíces, que con la lluvia fina, son muy escurridizas, bueno pues nada, otra vez a empujar.



En este tramo María se resintió de la rodilla, por lo que subí las dos bicis.



Aquí estoy con la bici de María, aún me queda cuesta que subir.




Después de empujar viene bien un descanso.




Bueno nos ponemos en marcha teniendo cuidado de las grandes piedras que tiene el camino.




María se detiene pues al fondo un árbol caído impide el paso.




Después de superar este obstáculo llegamos a este poste, cuando vimos los km alucinábamos, tan pronto subían los km como bajaban.




En el siguiente tramo nos preocupaba más no darnos con las ramas en la cara y con las zarzas en las piernas.




Un nuevo mojón o poste con los km tan variables. Aquí paramos pues el dolor de hemorroides comienza a ser un castigo.




La siguiente bajada la tuve que hacer andando, piedras sueltas, raíces cruzando el camino eran la tónica en este tramo.




Aquí al fondo vemos a María bajando andando esta peligrosa bajada. A mí una piedra grande que había a la derecha me golpeó el cambio y a partir de ahí tenía problemas para cambiar.






Salimos a una carreterilla y le dije a María:”el camino me está haciendo polvo el trasero, que mejor vamos por la carretera! aunque si veíamos mucho tráfico regresaríamos al camino, pero no fue así, el tráfico era muy escaso, así llegamos a BERTIRANS, por la carretera damos mucha vuelta pero no hay otro remedio.


Salimos del pueblo por una empinada cuesta donde el cambio me da fuertes tirones, al final se sale la cadena, cuando la pongo María ya está arriba.


El empalme con la carretera nos deja en una con un arcén muy grande y nos ponemos a pedalear, en las bajadas intento ir de pie para no apoyar el trasero en el sillín.




Pasamos el puente del rio Tambre, después de una larga recta sale el desvío para Negreira, unos km de desvío y entrabamos en el pueblo.




Llegamos a una calle ancha donde hay un parque con un peregrino de piedra en el centro.




En esta plaza paramos a preguntar dónde estaba el albergue, pero este camino está menos transitado por los peregrinos y nos costó preguntar varias veces, por fin nos indicaron.




Bajamos por la calle empedrada, al fondo una especie de muralla de castillo.




Este curioso monumento es el Pazo de Cotón. Aquí vemos a María pasando el puente.




De camino pasamos este mojón, ¿seguirán las alteraciones en los km?



Bueno siguiendo los carteles estábamos cada vez más cerca del albergue.




Llegamos al albergue y estaba abierto, pero vacio, no estaba ni el hospitalero.




En la mesa había un teléfono, llamé y la señora me mandó a casa de su marido que estaba cerca, fuimos a su casa para que nos sellara, al verme andar me pregunto si me había caído, le dije que no, y le conté que tenia hemorroides, él me dijo que también padeció de eso y que era muy doloroso y más en el sillín de la bici.




Nos acompaño al albergue y de camino, me dijo que desde que le habían operado había dejado de sufrir; nos dijo que nos quedáramos en el albergue y que fuéramos al médico que en NEGREIRA disponían de un buen centro médico, yo quería seguir pero sólo pensar en sentarme en el sillín me daba mal rollo. El señor nos trató de maravilla e insistió en que fuéramos al médico.




María cogiendo su bici para atarlas en las puertas del albergue.




Bueno, con la decisión tomada de quedarnos en el albergue, cogimos las dos camas cerca de la ventana, nos duchamos para ir al Centro de Salud.




Nos fuimos andando al Centro médico y de camino vimos este monumento o curiosa estatua al emigrante gallego.




Monumento visto de lado.




Monumento visto de frente.




De camino pasamos el Pazo de Cotón.






Llegamos al Centro de Salud y la doctora me hizo una cura que dolió bastante y me mandó medicación y reposo, es decir de bici nada de nada.



Después nos fuimos a comer y María se pidió unos callos con garbanzos que me daban una envidia que no te digo nada, yo una sopa ligerita y unas croquetas, algo ligero para no tener problemas.




Mientras comíamos se me pasó por la cabeza regresar a Santiago pues si el camino estaba mal, lo pasaría fatal con el trasero. La otra opción era hacerlo por carretera.


De vuelta al albergue compramos las medicinas en la farmacia y en un supermercado un poco de fruta para la cena.




Pasamos el hórreo y subimos la cuesta, cuando llegamos había muchos peregrinos y nos subimos a descansar a las literas, con la pomada y los calmantes me quedé dormido, María creo que también; cuando me desperté el albergue estaba tan lleno que había tiendas de campaña alrededor del edificio.


Me asomé por el ventanal y comenzaba a llover, María bajó a quitar la ropa y minutos después se acercó una chica con lagrimas en los ojos preguntándome que si había visto una cámara de fotos, le dije que me acababa de despertar, bajé y le comenté lo que pasaba al hospitalero, después de un rato se dio cuenta que tres chavales se habían marchado después de pagar el albergue, cosa que le pareció raro, llamó a los hostales y al siguiente albergue para avisar.


Más tarde María me preparó la cena en la mesa de recepción, un poco de lechuga y un melocotón, cena ligerita como había dicho la doctora, la verdad es que me trató muy bien y me hizo un justificante por si tenía que estar más de un día en el albergue. En la cena me acompañó Ana, una Peregrina de Alcázar de San Juan.






Ya era tarde pero aparecieron dos peregrinas inglesas con un perro lanitas que se habían encontrado, se quedaron a dormir en las tiendas de campaña. Después de cenar estuvimos un rato hablando con Ana y después nos fuimos a dormir, con dolores en el trasero se me quedé dormido.